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-“Manu, lo echaremos a suertes”.- dijo Tino. El azaroso destino se desvelaría a través de los pétalos de la margarita.

 -¡Sipi, nopi, sipi, nopi…!.- decía mientras despojaba de sus hojas a aquella planta.

 Mientras, yo miraba nervioso esperando que el resultado fuera positivo.

 -Pero, ¿estás seguro de donde están esos petroglifos?.- pregunte sin quitar ojo a la planta cada vez mas desmembrada, como si dejar de hacerlo influyera negativamente en el resultado.

 -Sí, los encontraron hace poco en Mosteiro. Vinieron unos señores de Santiago y dijeron que las grabaron los celtas en las piedras hace miles de años.- respondió Tino.

Contuve la respiración por la emoción, hasta que rompiendo ese momento mágico, apareció Yogui husmeando para averiguar que nos traíamos entre manos.

Yogui era un Golden Retriever que llegó un día nadando hasta la finca de mis abuelos que estaba a orillas del mar. Yogui era un perro, también uno de mis dos mejores amigos, el otro era Tino.

A Yogui le encantaban los huesos. A veces los escondía por toda la finca y después se olvidaba donde los había dejado. Cuando Tino y yo encontrábamos alguno, pensábamos que se trataban de los restos de algún humano y nos imaginábamos cuales podían haber sido las causas del crimen.

En una de las ocasiones, se lo lleve a mi madre para que aportara su opinión respecto a la investigación y resolvió el crimen de ipso facto.- “Tira ese hueso, ¡Cochino!”.

Yogui era despistado, pero nunca se olvidaba de vigilar la finca y de cuidarme. Un día unos pescadores llenaron de nasas el borde amurallado de la finca que daba al mar y como a Yogui esas cosas no le gustaban nada, decidió lanzarse al mar y quitarlas por su cuenta sin pedir permiso a nadie. Eso les enfadó mucho a los pescadores y quisieron clavarle un arpón. A mi abuelo, que no le agradaba nada hablar, sin embargo, ese día cogió su escopeta y les dijo.- “si le tocáis al perro, os vuelo la cabeza” y se acabo la discusión.

Tino era humano, pero a veces no se comportaba como tal; eructaba cuando bebía sin importarle quien lo escuchara, comía muy rápido bajando la cabeza hasta la altura del plato y se emocionaba al ver a la gente como cualquier mascota agradecida. Él era así, disfrutaba del momento sin mesura y socializaba como nadie. Era de lagrima fácil, pero sus emociones cambiaban en una fracción de segundo, por lo que era común verlo llorar mientras se reía. Escandaloso en su expresividad, cualquier cosa se convertía en una broma que divertía. Un niño alegre y afable, también soñador empedernido.

.-¿Crees que yo le gustaría?- dijo con una expresión tan inocente que parecía boba, mientras miraba una película donde se veía a una opulenta Sofía Loren.

.- ¡Na, no lo creo!.- dije yo como si fuesen todas las respuestas iguales independientemente de cual fuera la mujer, mientras mostrándome impertérrito, trataba de controlar una carcajada.

-De mayor yo voy a ser actor y me voy a besar con todas. Ya lo verás, después no te voy a dejar ni migajas.- decía Tino enojado.

La margarita, no dio más de si, y el último pétalo quedo entre los dedos de Tino mientras decía ¡Sipi!.

.-¡Le contamos a tus padres que nos vamos a mi casa y después vamos al monte a ver esos petroglifos!- El plan ya estaba trazado, parecía infalible.

Cuando salimos de la casa de Tino, llevábamos con nosotros a Yogui, que para un paseo siempre se apuntaba. Cada pocos pasos se detenía para olfatear algo que lo mantenía absorto hasta que retomaba la marcha acelerando y retrocediendo siempre a nuestro alrededor.

-¿Tu creés que estará allí el santuario de los celtas donde se cumplen todos los deseos?- pregunté yo emocionado, ya imaginando que sin duda lo hallariamos.

– Seguro que si, nadie lo ha encontrado, pero nosotros si- Dijo Tino, siempre tan optimista.

– Yo, yo, le pediré una bicicleta con un sillín grande y con muchos piñones para correr más rápido. Oh, mejor ser jugador de futbol y jugar en la selección.- Dije yo tartamudeando por la emoción, sin tener muy claro por cual decidirme.

– Yo quiero… ser actor, tendré todo lo que quiera.- dijo Tino. Y eso era mucho, porque Tino era de familia pobre y no tenía nada.

Subimos una colina, por unos caminos angostos pero suficientemente espaciosos para no enredarse con la vegetación. A los lados, en muchas ocasiones había grupos de piedras que formaban pequeñas murallas que servían para separar propiedades. Luego de un buen rato, comenzamos a caminar por antiguos cortafuegos realizados antiguamente para impedir la propagación de los incendios.

Al rato, el bosque se volvió más y más espeso y para entonces yo ya estaba completamente perdido. Toxos y silvas, ambos arbustos espinosos, cubrían el espacio que había entre los arboles e invadían parte del camino escasamente transitado. Yogui se adelantaba por momentos para explorar lo que teníamos por delante y regresaba después para ver si lo seguíamos. Llegó un momento en donde tuvimos que separar ramas, pisotear tallos de los arbustos que como brazos se cruzaban a nuestro camino y tomar decisiones en encrucijadas de caminos. Ya cansados, no conversabamos, pero después de varios rasguños Tino al fin habló: “Ya llegamos”.

Un grupo de rocas sobresalían de la vegetación como un bulto encima de la tierra, sobre ellas unos petroglifos, como así le llamaban a las figuras talladas en la roca. Algunos eran espirales que convergían en un agujero en su centro. Otros parecían células que se conectaban por una especie de pasadizos. Pero el que más nos llamó la atención fue uno en el que dos figuras representaban a una pareja de hombres en un extraño ritual. Uno de ellos era de unas dimensiones descomunales, con unos brazos desproporcionadamente largos y grandes; un verdadero gigante. El otro, parecía una figura insignificante a su lado. En el medio de ambos estaba algo con apariencia de árbol de cuyo tronco salían dos ramas extendidas hacia el cielo y entre las mismas, una figura circular que se mantenía levitando en el aire.

-Que pasada- dijo Tino para expresar su impresión y extendiendo su mano sobre esas figuras, reveló lo que pensaba.- Es el árbol de los deseos.-.

De repente la tierra se estremeció, como si a nuestros pies se estuviera desmoronando el mundo y a pocos metros de nosotros, un rayo surgió del otro lado de la colina.

Una luz fulgente de color azul verdoso brotaba tras el montículo que estaba delante de nosotros y que Tino subía como hipnotizado.

-¡Tino, no vayas!, puede ser peligroso.- dije mientras Yogui se mantenía a mi lado totalmente desconcertado.

-¡Noooooo!.- manifesté al ver lo inútil de mis palabras.

Surgió un leve viento de la nada que emitió un susurro inteligible que hasta Yogui pareció entender.

-Solo cruzará uno.- se escuchaba surfeando sobre la brisa.

Tino desapareció al otro lado de la cumbre.

En medio del sentimiento de pavor escalé gateando lo que me separaba de la cúspide y miré al otro lado.

Un gran árbol ancho en su base y estrecho en la cima del que brotaban una gran cantidad de ramas que se abrían en todas direcciones era el origen de esa luz certeta. Su cuerpo, libre de corteza, era totalmente liso.

Súbitamente, surgió una grieta en su tallo que se fue abriendo. Mi cansancio y temor, se convirtieron en terror al ver como Tino se dirigía a ella hasta ser engullido en su interior. Yogui se abalanzó sobre el árbol estrellándose contra él, tras cerrarse el hueco de repente.

A ello le continuó una luz cegadora y una explosión tan ruidosa que tuve que cerrar los ojos completamente y tapar mis oídos.

 

uando me compuse, miré hacia el lugar donde anteriormente estaba el árbol y este había desaparecido. Pálido y desencajado empecé a gimotear, y después de observar con detenimiento todo lo que había a mi alrededor, me di cuenta que desbaratar la terrible calamidad ya no estaba en mis manos. 

Traté de buscar el camino por el que habíamos llegado hasta allí, pero después de dar vueltas totalmente perdido le dije a mi amigo. 

.-Yoqui sácame de aquí, llévame a casa.- y fue así como llegué al hogar de mis abuelos. 

Tras la noticia de los sucedido, la consternación se apoderó de su familia y la mía.

-¿Qué paso?, ¿Dónde está?.- Tras lo sucedido, ¿Cómo podía responder a esas preguntas tan difíciles para un niño 9 años?. Y más cuando los adultos no entienden que a veces lo que llaman imaginario se confunde con lo que entienden por real. 

Buscaron a Tino durante semanas en el bosque, pero todo fue en vano. 

Dos meses más tarde, yo aun me encontraba nostálgico por el recuerdo de mi amigo. Un día, cuando ya iba a regresar a la ciudad para continuar los estudios del colegio, mis padres empezaron a gritar desde el salón.

 

.- Mirad que cosa más rara.-. En la televisión salía el actor más famoso y galán del cine del momento. La locutora comentaba que en los últimos meses se comportaba de manera extraña, muy infantil y que incluyo parecía no entender su idioma, el inglés.

En la pantalla apareció el artista acompañado de una mujer despampanante mientras bebía un refresco. A continuación emitió un sonoro erupto, mientras mirando a la cámara declaró:

-Lo logre Manu.- y emitió una enorme carcajada.

– Pronto nos veremos.- tomo una pausa y tras la inicial alegría, una sombra de culpa apareció en su rostro.

-Perdóname, sólo podía cruzar uno.

FIN

 

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