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Es extraño que Miguel no se diera cuenta del grave problema en el que se encontraba cuando en varios lugares del bosque, vio algo tan insólito como escaleras de piedra y de madera que no conducían a ningún lado. Y más increíble todavía es que no escapara a mitad del recorrido, cuando se topó de repente con el inicio de un camino de adoquines de color amarillo vivo, cuya presencia en aquel lugar nadie podría explicar de manera razonable. Sin embargo, aunque se inquietó, todo cobró sentido para él cuando al final de aquella senda empedrada apareció la mansión.

A lo largo de la caminata, el tiempo había transcurrido lo suficientemente rápido para que se acercara la noche de manera inevitable. Unas nubes cargadas que se desplazaban rápidamente en el cielo, eclipsaban parcialmente una luna llena que brillaba con un color casi anaranjado.

El cierre de piedra, no impedía ver el edificio que se encontraba en lo alto de una pequeña colina. En el medio, una reja semiabierta de doble hoja, parecía invitar a entrar en aquel lugar en cuyo jardín mustio, había desertado toda señal de vida. Dos árboles carentes de hojas, semejaban dos guardianes de múltiples brazos caídos. Un cartel indicando que se vendía la propiedad y las luces apagadas, hacían pensar que nadie había en su interior.

En cuanto al edificio, las ventanas rectangulares aparentaban los ojos de una vivienda cuyo aspecto era amenazador. Coronaba la casa una veleta que se agitaba con un viento sibilante, produciendo al moverla, un sonido metálico chirriante. En lo alto, figura habitual de un gallo, había sido sustituida por la de un hombre con armadura que a primera vista parecía estar montado sobre un caballo. Sin embargo, cuando uno se fijaba con detenimiento descubría que se trataba de una bestia alada.

El esqueleto de la fachada, la conformaban tres torres desiguales en las que cada una tenía su tejado. Dos de ellas se asentaban sobre un porche ensombrecido en el que se hallaban dos mecedoras. Incrustada en una de las torres, se encontraba un reloj que anunció con los tañidos de unas campanadas las 6 de la tarde, un augurio de la oscuridad profunda que se avecinaba.

Las bajas temperaturas y el cielo cubierto por esas nubes teñidas de un gris plomizo, presagiaban una noche desapacible.

De pronto empezó a llover y a lo lejos unos relámpagos iluminaron el horizonte para oscurecerlo en un instante, dando al paisaje un aspecto tan tenebroso que quebraría la valentía de cualquier persona.

Sintió el deseo de huir, pero la dificultad del clima invitaba a buscar un refugio inmediatamente. Además tuvo una sensación atrayente de un regusto insano del que sabe que se dañará pero que no puede evitar. Empujo la reja y se adentro al abismo. Una escalera con su respectivo descansillo conducía a la casa. Llamó su atención un cuervo en lo alto de uno de los tejados, que con su pico descarnaba un hueso de un animal identificable.

Se sobresalto al ver una figura salir de una pequeña ventana a ras de suelo que posiblemente conducía a un sótano. Se tranquilizó al ver que se trataba de un gato que se detuvo en seco y miró hacía atrás como si quisiera ver si algo en el interior de la vivienda lo estuviera siguiendo.

Al llegar al porche de la casa, los tablones de madera crujieron a sus pies. Inicialmente pensó en quedarse en una de esas mecedoras, pero la puerta de la casa se abrió rechinando y el frío y el viento que arrastraba la lluvia hasta alcanzarlo, lo terminaron de empujar hacia el interior del edificio.

A su derecha había un pasillo repleto de puertas a ambos lados que llevaban a varias estancias y a su izquierda un comedor que se dejaba ver al compás de la iluminación de los rayos cuyos truenos rugían pocos segundos después en un clima gélido que irrumpió violentamente fuera de la casa. Trató de buscar un interruptor sin éxito.

El deseo de encontrar un lugar acogedor en donde reposar hasta el paso de la tormenta le hizo caminar hacía el pasillo en busca de una habitación, pero pronto, el aspecto tenebroso del lugar y la sensación de escuchar pasos que se detenían en cuanto el miraba en todas direcciones, lo angustiaron de tal manera que no pudo contener los nervios. La puerta de la entrada se cerró de golpe y la luz de un rayo casi cegadora dio paso a una oscuridad absoluta. Su corazón se agitaba a un ritmo frenético hasta que le pareció paralizarse cuando sintió que algo lo agarraba de una pierna para arrastrarlo por el piso. No era una mano, mas bien era una garra, y lo supo cuando una de sus pezuñas se clavo en su tobillo.

Que alguien me ayude, que me encuentren, no quiero morir, pensaba mientras se agitaba tratando de soltarse.

Un dolor atroz vino a continuación, algo lo desgarraba. La ropa se humedeció, y supo que era su propia sangre. Eso lo aterró aun más, lo estaban despedazando. Un grito de pavor se fue apagando para acabar en un gorgoteo, casi como un gemido. Finalmente un rictus de terror se fijo en su rostro, señal inequívoca de que había perecido.

A la mañana siguiente un vehículo se detuvo a orilla del cierre de aquella majestuosa mansión. El dueño de la inmobiliaria llevaba consigo un posible comprador. Este al ver el aspecto del edificio, hizo saber al vendedor que era demasiado alejada y tenebrosa para sentirse cómodo en ella, recibiendo la siguiente respuesta:

. No se preocupe, hasta el momento no se ha sabido de nadie que halla desaparecido en una casa embrujada.- a lo que acompañó una carcajada nerviosa. -Y ahora señor Daemon, acompáñeme, quizás en su interior, pueda ver algo de su interés.- Sin que el cliente lo percatara, miró con inquietud a su alrededor para ver si alguien o algo los estaba siguiendo.

La puerta se cerró y el silencio más absoluto volvió a aquel lugar húmedo y apagado que repelía a todos salvo a la maldad.

 

FIN

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